lunes, 1 de noviembre de 2010

Diana-Acteón


La diosa Ártemis-Diana es la protectora de la caza, su actividad habitual. Las diosas eran muy celosas de su intimidad y no podían ser vistas en su desnudez por ningún mortal, si lo hacían caía sobre ellos la pena correspondiente.

Esto le ocurrió a Acteón que, practicando un día en el monte Citerón su actividad favorita, la caza, encaminó involuntariamente sus pasos hasta el lugar donde la diosa y sus ninfas tomaban un baño. El joven no se retiró sino que se quedó contemplando la escena con sus mortales ojos, extasiado ante la visión de la belleza de la diosa.
Ártemis, irritada al sentirse observada, lo castiga duramente: lo convierte en un ciervo y excita contra él a los perros que integraban su jauría. Acteón conserva su consciencia humana e intenta hablar con los perros que no lo reconocen y se abalanzan sobre él, desoyendo los sonidos lastimeros que el ciervo emitía en su deseo de que lo reconocieran.




XVIII [XVIII]
A Artemisa y Mausolo

Labra Artemisa el grande mausoleo,
que los altos pirámides afrenta
d'el Egipcio soberbio, y no contenta,
busca a su ilustre fe mayor trofeo.

Del tierno y casto pecho en nuevo empleo
hacer sepulcro al muerto esposo intenta,
cuyas cenizas, de su amor sedienta,
bebe con ansias de inmortal deseo.

«En vano», dice, «pretendió la muerte
de ti, dulce Mausolo, dividirme,
y en largo olvido sepultar tu gloria,

»Que de su injuria puede defenderte
mi pecho más que el bronze y mármol firme,
y eternizar mi amor y tu memoria».

Juan de Arguijo.

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