Sucumbiendo a las dulces palabras de Leandro, y a su argumento de que Afrodita, como diosa del amor, despreciaría la adoración de una virgen, Hero permitió que él le hiciera el amor. Esto continuó durante el cálido verano. Pero una tormentosa noche de invierno las olas sacudieron a Leandro en el mar y el viento apagó la luz de Hero, por lo que el amante perdió el camino y pereció ahogado. Hero se lanzó desde la torre, muriendo también.
XXI [XXII]
A Leandro
En la pequeña luz de Sesto pone
desde el puerto los ojos y, atrevido,
rompe Leandro el mar que, embravecido,
a sus intentos más y más se opone.
Mas él, cuidando que la muerte abone
su grande amor, se ofrece al conocido
peligro, y de las ondas ya vencido,
a amansallas en vano se dispone.
«Ondas», dijo muriendo, «si consiente
vuestro furor de un triste amante el ruego,
sed por un rato a mi dolor piadosas;
»Frenad el curso a la veloz corriente,
mostraos benignas sólo mientras llego,
y cuando vuelva me anegad furiosas».
Juan de Arguijo.
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