Para el autor, un verdadero cortesano u hombre viril se proyectaba en quien cultivaba equilibradamente las armas y las letras.
¡Oh; felice tú, oh felice
Otra vez e otras mil seas,
Imperio, en quien el primero
Triunfo son armas y letras.
Aunque inclinado a las letras,
Militares escuadrones
Seguí, que en mí se admiraron
Espada y pluma conformes
(CURTIUS, 1994, p. 39)
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